Michèle Trédé

Michèle Trédé

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De sus experiencias anteriores en el ámbito del arte y la cultura, Michèle Trédé ha conservado, desde su regreso a Normandía, las que se refieren directamente a la práctica de la creatividad. De hecho, fue a través de los problemas relacionados con la creatividad (la suya y la de los demás) y a través de una "necesidad interior" de producir imágenes y objetos como llegó a su actual enfoque de la escultura.

Después de haber trabajado con la madera, la piedra, la terracota y el bronce desde 2009, su atención se ha centrado especialmente en el cuerpo. Se puede decir sin exagerar que el tema la eligió a ella.

Primero examinó las representaciones tradicionales y contemporáneas del cuerpo, tanto de alta como de baja calidad, y al mismo tiempo las imágenes tridimensionales que podía esculpir a partir de ellas. Así, empezó a abordar la cuestión (fundamental) del cuerpo no sólo a través de su diseño, sus posturas y sus gestos, sino, sobre todo, a través de sus coreografías. Están las coreografías ordinarias y comunes, como las que resultan de caminar, saltar, ir hacia delante, hacia atrás, girar, estar de pie en lugar de descansar, en definitiva, desplazarse. Pero también están los movimientos de la danza representados por las coreografías actuales: Michèle Trédé cita a Pina Bausch y a otros creadores como sus inspiraciones.

La cuestión del movimiento no es nueva, por supuesto. La propia Michèle Trédé responde, con notable modestia, desarrollando cada día su visión de la naturaleza. Al igual que la naturaleza está en los cuerpos y en los seres, el impulso creativo humano es "natural".

Así, da vida y luz a los personajes a partir de la piedra o de la madera nudosa recogida en un entorno mediterráneo. A medida que las figuras se transforman y engendran, no está muy claro dónde empiezan o acaban los cuerpos; son la savia de la madera y la figura humana combinadas. Y también cabe destacar la delicada escala de sus piezas, que es reducida, lo que exige precisión y síntesis en los efectos artísticos.

Como ella sabe y afirma: el cuerpo es una construcción cultural y social, pero también el hogar de los sentimientos y las emociones. En el cuerpo confluyen la historia personal y la colectiva, lo biográfico y lo social.

En este contexto, las esculturas de Michèle Trédé son de lo más elocuentes: el cuerpo es un telar para el tejido del mundo; en sus manos es tratado con lucidez y una rara benevolencia.

Françoise JULIEN-CASANOVA
Universidad de París 1
Panthéon-Sorbonne Facultad de Artes Visuales y Ciencias del Arte

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